09 agosto 2006

Museo Edo, compras y Kodokan.

Querido sobrino Gobo:

Lleva toda la noche jarreando y el día ha amanecido cubierto. Pero no importa porque tenemos planes de lluvia.

El museo Edo, que el otro día estaba cerrado, nos viene al pelo. Torpe de mí, he olvidado la cámara en casa, no volverá a suceder. El museo está bastante chulo, las explicaciones, maquetas y objetos recogen la historia de Tokio (antigua Edo). Lo más impresionante son las maquetas, son gigantes y con muchísimo detalle. Muestran escenas de las calles de Edo, samurais, malabaristas, gente cogiendo agua de los pozos...... Son tan grandes que ponen unos prismáticos para ver todo bien a fondo. También hay maquetas a escala natural de casas, templos, teatros y te puedes meter (sin zapatos en algunos, claro) para ver cómo eran entonces. Además es bastante interactivo, hay cubos para cargar a los hombros, una caja de monedas de oro y un estandarte de guerra que se pueden levantar para que el visitante se haga una idea del peso que cargaban.


Por la tarde nos dirigimos hacia el Kodokan otra vez. Antes dimos una vuelta por Mizuno para ver si comprábamos algo, ¡qué decepción la zona de judo, sólo un rincón dentro de un edificio de 6 plantas! Cuando llegamos al Kodokan estaban entrenando los niños, ¡menudas máquinas! tenéis que verlos tan pequeños y dando tantas piñas. Además es increíble la disciplina que tienen, una hora de randori (combate de entrenamiento) y no se quejó ninguno, según terminaban se colocaban en perfectas filas y saludaban sin tener que decirles nada. Luego entrenaban los "animales de bellota", venga randoris de suelo y de pie a tope, y no se cansaba nadie. No quise bajar a poner las cosas claras, aunque Elisa dudaba de mi éxito.

Ya en casita cenamos nuestros primeros macarrones con tomate caseros, muy ricos y muy baratos.

Besos

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