Menos mal que hoy ya se ha levantado mejor el tiempo, ya teníamos ganas de volver a torrarnos con este solazo y esta caló.
Empieza el día en Shinjuku, el barrio de los rascacielos. Lo primero que hemos hecho al llegar a la estación es canjear nuestro abono Japan Rail Pass y reservar los asientos para las próximas excursiones fuera de Tokio. Una vez resuelto esto nos lanzmos a bucear entre edificios kilométricos; uno de los más altos es el del Ayuntamiento, que tiene sendas torres a los lados y una especie de escultura de color rojo delante de la entrada.
Además, este edificio tiene en la planta 45 (que no es la más alta) de cada torre unos miradores desde los que se puede observar el sinfín de edificios que forman la ciudad. Ha sido realmente sencillo encontrar la entrada al mirador, no hemos tenido más que seguir los carteles:

Es cierto que no se ven los límites, desde allí arriba se ve cómo Tokio se pierde en el horizonte. Aquí os dejamos una de las panorámicas que hemos tomado desde lo alto. Podéis ver también que entre el amasijo de edificios se abren paso de vez en cuando esos parques tan alucinantes de los que ya os hemos hablado.

Seguimos paseando por Shinjuku, que además de por sus rascacielos es un barrio bien conocido por tener cantidad de tiendas de fotografía. Aquí tenéis a Manu probando uno de los bichejos:
A la hora de comer hemos aterrizado en el parque Yoyogi, que nos había quedado pendiente el día que visitamos la zona de Harajuku. Nos ha costado un rato encontrar un sitio dentro del parque donde sentarnos a comer, y mientras buscábamos nos hemos encontrado un santuario de esos que aquí parece que surgen de la nada en cuanto te descuidas. Aunque todos tienen un aire parecido, cada santuario tiene su propio encanto.

Mirad el portón de entrada al santuario, y si os fiajis en esa hormiguita que hay debajo veréis que soy yo... ¿qué os parece el tamaño de la puertecita?

Al salir del parque por la puerta de Harajuku se dejaban ver nuevos especímenes incluso con peores pintas que los del otro día... ¡esta juventud!

¡¡Haaaala, qué alto!!
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